sábado, 14 de octubre de 2017

Día de la comunidad

Santo Toribio de Liébana

El viernes 13, aprovechando el puente de la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, preparamos y disfrutamos de lo que llamamos Día de la comunidad, que tenemos una vez al trimestre. El fin de tal día es convivir fuera del seminario y del corsé de los horarios y las tareas de formación para estrechar los lazos de fraternidad de nuestra comunidad. Aprovechamos para hacer visitas culturales, comer o cenar fuera y, sobre todo, charlar, reír y disfrutar de nosotros mismos, de esta comunidad que el Señor nos ha regalado.
En esta ocasión viajamos a Santo Toribio de Liébana para participar en la celebración de la Eucaristía del peregrino, venerar la reliquia del lignum crucis y ganar el jubileo. Nos sorprendió la cantidad de personas que allí había, que muchas de ellas se acercaran al sacramento de la Reconciliación (también los jóvenes y niños) y, como no, el deleitoso paisaje ante el cual no pudimos menos que glorificar a Dios y entonar un espontáneo Laudato Si'.
Continuamos la visita en Potes, descubriendo la belleza y vitalidad de sus calles. Motivados por la falta de ataduras de tiempo o programa, fuimos a visitar la Torre del Infantado, atraídos por la exposición que alberga: El beato y los beatos, sobre "El Beato de Liébana". Realmente nos dejó pasmados y con un fantástico sabor de boca para terminar nuestra visita.



sábado, 7 de octubre de 2017

San Froilán 2017

San Froilán, inspiración y ejemplo para la cultura vocacional


A quienes dirigiesen una mirada superficial a lo que el jueves celebramos celebrando, podría parecerles una extravagancia o un anacronismo que nos reúna la memoria de un personaje, san Froilán, tan alejado del tiempo, hijo de un mundo que ya ha desaparecido como es la España de la Reconquista. Y pondrían el grito en el cielo, seguramente, si les dijésemos que los futuros pastores del siglo XXI queremos encontrar inspiración y ejemplo en él.
Pero eso sólo les pasaría a los que miren la superficie; quienes hagan el esfuerzo de ahondar un poco más descubrirán que, efectivamente, podemos encontrar en el santo ermitaño y obispo un ejemplo permanente de celo evangelizador, que hoy nos mueve a la apasionante, aunque dura, tarea que nos toca. 
Como todos sabéis, nuestra diócesis de León está comenzando un Año Pastoral Diocesano Vocacional, que fue inaugurado por nuestro Obispo en la pasada Semana de Pastoral. La finalidad de este, según consta en el Decreto de apertura, es “recordar a los fieles la importancia del ministerio presbiteral y de la vida consagrada, fomentando la oración insistente por las vocaciones, tratando de crear entre todos una nueva y verdadera cultura vocacional”.
La “cultura vocacional” es una expresión que se viene usando profusamente desde los años 90 y que  fue recogida y refrendada, en 1997, por el importante documento “Nuevas vocaciones para una nueva Europa”. El Papa Francisco también habló a los animadores vocacionales de la Conferencia Episcopal Italiana de una nueva cultura vocacional, que sepa contar la belleza de estar enamorados de Dios. El Santo Padre pide que esta nueva cultura vocacional sea “capaz de leer con coraje la realidad tal como es, con sus fatigas y resistencias”, reconociendo, sin embargo, los signos de belleza del corazón humano.
Queremos poner, ya desde hoy, bajo el patrocinio y guía de san Froilán todas estas iniciativas ilusionantes del Año Vocacional. Él, que fue un hombre de corazón inquieto y buscador, siempre
atento a descubrir donde le quería poner Dios para mayor servicio del Pueblo de Dios, primero como ermitaño, luego como abad y finalmente como obispo de León, nos anime a descubrir la voz de Dios que, en su Palabra y en los signos de los tiempos, nos está llamando a emprender una Nueva Evangelización de nuestras tierras.
Que Él, que supo prender el fuego de la vocación en los corazones de tantos jóvenes que llenaron los monasterios que iba fundando, bendiga nuestra diócesis de León y nuestros seminarios con las vocaciones que tanto necesitamos.
Y que a todos nos colme Dios de ilusión, valentía y generosidad para seguir cuidando de la fe de todos aquellos que el Señor nos encomienda en estas tierras leonesas.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Llamados a la vida, para seguir a Jesucristo, como servidores fieles, en una Iglesia misionera

Ejercicios Espirituales. Curso 2017-2018.

Como es tradición desde hace algunos años, en nuestra diócesis se inicia el curso con la Semana de Pastoral (que ya cuenta dieciséis ediciones), la presentación de la Carta pastoral de D. Julián para este año (enmarcados dentro del Plan Pastoral 2015-2020) y la Eucaristía que concluye con el rito del envío de todos los agentes de pastoral. Este año, como gran novedad y asunto que a todos nos debe importar e implicar, se dio lectura al Decreto por el que se inaugura un año Pastoral Diocesano Vocacional.
Nuestra comunidad, corazón de la diócesis, participa de este "ritmo", concluyendo nuestras vacaciones con la participación en la Semana de Pastoral y comulgando, como parte de la Iglesia local, del envío por parte de nuestro obispo. Nos sentimos especialmente partícipes de este año Pastoral Diocesano Vocacional, conscientes de la realidad y los desafíos pero no por ello desalentados, concienciados de que nos corresponde un papel importante que representar pero dispuestos a asumirlo, y convencidos de la importancia capital de comprometernos y trabajar por las vocaciones pero en comunión, pues el compromiso y el trabajo deben ser de todos.
Tras la Semana de Pastoral, nuestra comunidad se retira durante unos días para realizar ejercicios espirituales. Desde el lunes 25 al viernes 29 de septiembre, junto con nuestros hermanos del Seminario de Astorga, nos hemos "ejercitado" en la Casa de Espiritualidad de los Padres Dominicos. Aunque los ejercicios son algo marcadamente personal y, en nuestro caso concreto, han de servirnos de apuntalamiento en nuestra formación, no por ello tienen por qué estar desconectados de la comunidad y/o la realidad diocesana. Así, gracias a la dirección de D. Teodomiro, canónigo de la Colegiata de San Isidoro y director espiritual adjunto del Seminario Conciliar, y la apertura y disponibilidad al Espíritu hemos podido observar, meditar y profundizar en nuestra vocación. Con ello hemos logrado también alcanzar nuevas perspectivas y fundamentos con los que afrontar el año Pastoral Diocesano Vocacional.
La primera llamada que Dios nos hace es a la vida, la vocación a ser personas. Quizás abrumados por todo lo que sucede en nuestro mundo, nos olvidemos de que estamos rodeados por las maravillas de la creación, "cosas" y personas. No podemos perder la capacidad de admiración y contemplación, de gratitud, de reconocer la huella de Dios en nosotros ni en los demás, ni tampoco en la historia, de responder de una manera dinámica y esperanzada ante la vida y sus acontecimientos.
La segunda llamada con la que Dios nos interpela es la de seguir a su Hijo, Jesucristo. Es crucial profundizar cada día en el seguimiento a Jesucristo, en su mensaje pero especialmente en su persona, para no caer nunca en desfigurarle creyendo que ya lo conozco. "Seguir a Jesús es creer lo que él creyó, dar importancia a lo que él se la dio, interesarnos por lo que él se interesó, defender la causa que él defendió, mirar a las personas como él las miró, acercarnos a los necesitados como él lo hizo, amar a las gentes como él las amó, confiar en el Padre como él confió, enfrentarnos a la vida con la esperanza con que él se enfrentó". Y esto exige siempre una actitud de fidelidad y de conversión, humilde, confiada y paciente.
Finalmente, como seminaristas, la tercera llamada es a ser sacerdotes. Como sacerdotes debemos ser "signos sacramentales de Cristo Pastor", que existen y viven para la Iglesia. Nuestra misión es hacerle presente y visible y para ello debemos adquirir las actitudes espirituales de Jesucristo: confianza en Dios, misericordia, generosidad, abnegación, actitud testimonial y comunión con los hermanos.

viernes, 23 de junio de 2017

Cambio en el equipo de formadores

¡Hasta siempre, D. José! ¡Bienvenidos, D. Rubén y D. Roberto!

Termina el curso con cambios y renovación en el equipo de formadores de nuestra comunidad. D. Rubén García sustituye a D. José Sánchez como nuestro rector y le acompañará D. Roberto Da Silva como formador. D. José Luís Díez continúa como nuestro director espiritual. 
D. José ha sido nombrado canónigo de la S. I. Catedral y su Maestro de Ceremonías.



















 Queremos aprovechar estas líneas para agradecerle de corazón los 13 años dedicados al Seminario, 11 como rector. Durante este tiempo, como él mismo nos dice, ha tenido fallos y aciertos, pero su dedicación, esfuerzo, diligencia y cuidado hacia los seminaristas y el Seminario han sido incuestionables. Casi toda su vida sacerdotal ha estado vinculada a esta institución, el corazón de la Diócesis, pero ahora comienza para él una nueva etapa, que no significa un punto y aparte, sino un punto y seguido porque continúa su tarea al servicio de la Iglesia agarrado confiadamente en las manos del Señor. D. José, ¡le deseamos lo mejor! ¡Muchas gracias por su servicio y su ministerio!


 Queremos aprovechar también para dar una cálida bienvenida a D. Rubén y D. Roberto. Cuenten con nuestra predisposición para hacer que el "aterrizaje" sea suave. Les ayudaremos en todo lo que podamos y lograr así que este cambio sea fructífero y contribuya a nuestra mejor formación.



domingo, 4 de junio de 2017

"Don, en tus dones espléndido"

Pentecostés. Actualización.

Hoy, día en el que celebramos y actualizamos el envío del Espíritu Santo, compartimos con vosotros algunas de las cosas que hemos vivido desde la última vez que escribimos. Fue hace apenas un mes, pero mayo ha sido un mes con varios acontecimientos importantes para nuestra comunidad. Os dejamos un enlace a cada uno de ellos.

  • "Octava" de Pentecostés:
Desde el lunes de esta semana, nos hemos querido preparar de una manera especial para este día gozoso de Pentecostés. Hemos centrado nuestra oración personal en los siete dones del Espíritu Santo y le hemos pedido que nos conceda los que necesitemos para ser herramientas útiles en sus manos. El Espíritu nos hace hijos y, por tanto, hermanos. No estamos solos, nunca. Nos acompañan Dios y los hermanos y nosotros también acompañamos a los hermanos.