sábado, 24 de febrero de 2018

Parroquia de San Froilán

Eucaristía vocacional

Continuamos visitando y conociendo comunidades parroquiales de nuestra ciudad. El jueves 22 lo hicimos con la de la parroquia San Froilán, con quienes compartimos la Eucaristía de la fiesta de la Cátedra de San Pedro, un rato de adoración ante el Santísimo y de oración por las vocaciones. Además, nuestro querido hermano Jeremías dio su testimonio vocacional.

Carta de convocatoria "DÍA DEL SEMINARIO 2018"



Seminario Conciliar “San Froilán”                              
Seminario Diocesano Redemptoris Mater “Virgen del Camino”
Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional

 
Queridos amigos y amigas:

El próximo domingo 18 de marzo  (V de cuaresma), la Iglesia de España celebra el Día del Seminario, que este año lleva por título "Apóstoles para los jóvenes". Si esta campaña es siempre importante, dada la importancia del seminario para nuestra diócesis, de la que los sacerdotes, religiosos/as y catequistas somos más conscientes que nadie,  este curso es lo es mucho más, dado que la celebramos en el contexto del Año Pastoral Diocesano Vocacional.

Como nos decía a todos los presbíteros y diáconos de la diócesis de León nuestro Obispo, en la carta primera del curso pastoral (21-IX-2017): “Es urgente superar la tentación de la atonía y de la indiferencia e implicarse todos de manera responsable en la pastoral de las vocaciones como expresión, primero de la gratitud que le debemos al Señor que nos ha llamado y conferido el don del ministerio y, en segundo lugar, ante la gravedad y urgencia del problema que padecemos (…) Todo lo que hagamos hoy en orden a fomentar, encauzar y sostener las posibles vocaciones al ministerio sacerdotal y al diaconado, con la gracia divina, será un alivio para el presente y una verdadera inversión de futuro”.

Si siempre se os ha pedido desde los seminarios, en este Año lo hacemos con mayor ilusión y fuerza: ¡sed mediadores de la llamada que el Señor sigue haciendo a jóvenes y adultos para seguirle en el sacerdocio! Para ello os rogamos que deis la mayor difusión posible a los materiales e iniciativas de esta campaña:

  • SÁBADO 10 DE MARZO: Convivencia de Confirmandos (Seminario San Froilán, de 11:30 a 13 h.)

·         VIERNES 16 DE MARZO: Vigilia de oración por las Vocaciones (Parroquia de S. Martín a las 20 h.)

·         SÁBADO 17 DE MARZO:

 Encuentro diocesano de Monaguillos (Seminario S. Froilán, de 11 a 16:30h)

XXVI Festival Canción Vocacional (salón actos Colegio Marista San José a las 16:30 h.)

·         DOMINGO 18 DE MARZO: Celebración del Día del Seminario en las parroquias –oración y colecta-

Con respecto a los materiales de la Campaña, para animarla en las comunidades parroquiales, los pondremos ya a vuestra disposición los lunes 19 y 26 de febrero  en los encuentros de la Formación Permanente del Clero. Durante esas dos semanas también estarán disponibles en el hall del Seminario San Froilán, en los horarios en que hay portería.

Si lo solicitáis, por último, alguno de los seminaristas de ambos seminarios pueden colaborar con la difusión en vuestras parroquias, bien sea en la catequesis o bien en la misa dominical.  Confiemos en que muchos puedan escuchar en estos días la voz del Señor “Venid y Veréis”. Gracias por vuestra cercanía y ayuda.

Rectores de los seminarios diocesanos

martes, 13 de febrero de 2018

Mensaje del Papa Francisco Cuaresma 2018

 

«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)

Queridos hermanos y hermanas:
 
Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión»[1], que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida.
Como todos los años, con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12).
Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí donde tendrá comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.
 
Los falsos profetas
Escuchemos este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas?
Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.
Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.
 
Un corazón frío
Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo[2]; su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?
Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos[3]. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.
También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.
El amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero[4].
 
¿Qué podemos hacer?
Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.
El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos[5], para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.
El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2 Co 8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades. Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?[6]
El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.
Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos.
 
El fuego de la Pascua
Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.
Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.
En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu»[7], para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.
 
Los bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.

Vaticano, 1 de noviembre de 2017
Solemnidad de Todos los Santos

Francisco

sábado, 27 de enero de 2018

Eucaristía y oración en Sto. Toribio de Mogrovejo

Eucaristía en parroquias

Continuando la iniciativa que comenzamos el curso pasado, el jueves pasado (como todos los últimos jueves de mes) hemos ido a conocer una comunidad parroquial de nuestra ciudad, a compartir y celebrar con ella la Eucaristía y orar todos juntos por las vocaciones cristianas en nuestra diócesis, especialmente por las sacerdotales.
En esta ocasión visitamos la parroquia de Sto. Toribio de Mogrovejo, en el Polígono 10. En esta ocasión, se dio la alegre circunstancia de que la Iglesia entera celebrábamos la fiesta de la Conversión de San Pablo. Tras la Eucaristía, compartimos un rato de oración ante el Santísimo.Agradecemos mucho la presencia y compañía de un buen número de parroquianos, su acogida y su oración por nosotros y por los que están por llegar a nuestro Seminario. 
Para la comunidad del Seminario esta iniciativa está resultando muy gratificante y enriquecedora porque, además de conocer a las comunidades, percibimos el cariño y la consideración que las personas tienen hacia los sacerdotes y los seminaristas así como su sensibilidad ante la escasez de sacerdotes y respuestas vocacionales en nuestra diócesis. Nos ayudan a concienciarnos mejor de la responsabilidad a la que estamos llamados y a comprometernos de un modo mucho más profundo con nuestra formación y con la respuesta que damos a la llamada del Señor.




lunes, 22 de enero de 2018

Joven, decídete, ¡no se puede ser todo!

El título de estas líneas lo tomo prestado de un artículo publicado hace muchos años. El título (y el artículo, por supuesto) llegaron en un momento muy oportuno de mi vida, de hecho me ayudó a decantar opciones que me han conducido hasta aquí. Pero no voy a compartir un testimonio de mi biografía, sino a recordar en voz alta el contenido de aquella lectura y a traducirlo para nuestros días.
 Sin duda lo que más caracteriza ese largo proceso que llamamos madurar es la toma de decisiones, tener que optar. Desde los pequeños escarceos adolescentes: fumar, salir (más que salir, es entrar, porque nunca parece buena la hora de volver a casa), los amigos, la forma de vestir, enamorarse, el verano, los suspensos… todas esas pequeñas conquistas que nos van indicando que el territorio para nuestras decisiones crece.
Decisiones que cuando se producen nos parecen importantísimas, y que la perspectiva del tiempo nos muestra que no eran para tanto. Son “cosas de la edad”, que es como decir que le pasa a todos, que forman parte de un crecimiento normal , que por ser tan comunes no nos hacen diferentes, sino más bien nos hacen sentir iguales. Y eso provoca una gran seguridad, ser como todos, no disonar, es muy importante en algunos momentos.
Pero el tiempo pasa, no se detiene. Y las decisiones van creciendo en importancia; especialmente porque comprometen el futuro: estudios, profesión, pareja, vivir como pienso y para ello pensar cómo vivir. Y van surgiendo los dilemas: de las letras no se vive; en música sólo triunfan tres; prepara una buena oposición; si no lo intento ahora, ¿cuándo?; tú acaba la carrera y después haces lo que quieras; sólo se vive una vez; no dejes pasar tu oportunidad; cuando tenga trabajo entonces…. Este sí que se va convirtiendo en un momento crítico, las decisiones que tomemos estarán destinadas a dejarnos tranquilos, a contentar a los que están a nuestro lado, o a dar salida a nuestras convicciones más profundas.

La tentación de este tiempo es querer salvarlo todo. Nos gustaría ser astronautas, funcionarios y rastas caribeños a la vez, nos gustaría que nuestros sueños de éxito, de seguridad y de “ir de alternativos” pudiesen sobrevivir todos juntos. Y sin embargo no es posible. Tan sencillo y tan complicado: no es posible. Así que decídete, no se puede ser todo. Prolongar estos tiempos de vocaciones-múltiples sólo sirve para retrasar lo inevitable e impedirnos vivir a fondo las verdaderas opciones. Primero porque no se puede servir a dos señores. No optar, querer mantener todas las puertas abiertas, significa no profundizar en ninguna. Siempre habrá una excusa, santa y convincente, para no comprometerse del todo, para no asumir las consecuencias de los compromisos. Segundo, porque si es cierto que elegir es cerrar opciones, también es cierto que optar significa abrirnos a un nuevo mundo de posibilidades. Nos da miedo perder, pero no podemos olvidar que cuando optamos delante de nosotros se abre un nuevo horizonte que nos espera. Pero que nos espera enteros, no divididos, escindidos.
 Elegir, optar, no es sencillo pero o te anticipas, o te llevan. O tomas tú las decisiones (y asumes las consecuencias), o te dejas llevar por las situaciones, y aunque te quedará el consuelo de que siempre podrás echar la culpa a otros de lo que te pasa, no vivirás la experiencia profunda de ejercer la libertad.
 
Tomado de: www.pastoralsj.org